montaje - de continuidad

REGLA DE LOS 180º

 

Harakiri

    Una de las reglas  establecidas desde lo comienzos del cine es la regla de los 180º con el fin de preservar la continuidad visual al filmar separadamente a uno u otro personaje al cambiar de plano tanto en rodaje como el montaje. 

    Imaginemos que hubiese un eje visible entre  la cámara y los dos personajes en este extracto de Harakiri (1962) de Masaku Kobayashi.

    Según esta regla la cámara estaría siempre filmando desde un lado  del eje elegido independientemente a qué personaje encuadrase en un cambio de plano a lo largo de toda la escena. Se creía que si la cámara pasaba a fotografiar desde el otro lado del eje el personaje que antes aparecía en el lado izquierdo ahora aparecería en el derecho de la pantalla y al revés y esto llevaría al espectador a la confusión de dónde se encontraba un actor en relación a otro. Con ello se pretendía evitar esta confusión.

    En este ejemplo aunque los personajes cambian de posición, los vemos hacerlo y la cámara sigue en el mismo lado del eje. El equilibrio visual permanece, si bien este detalle causa una cierta complejidad, máxime cuando los personajes vuelven a cambiarse. Aunque se inserten otros planos de la hierba, los planos sean primeros o largos o se pase en panorámica de uno a otro contendiente, sus posiciones con respecto al eje imaginario es siempre el mismo.

    Hoy en día hay constantes transgresiones de esta regla por motivos justificados especialmente en duelos dado que incrementa la incertidumbre; también puede ser transgredida en otros casos para reforzar el caos, la violencia, etc. Sin embargo,  en esta secuencia, debido a la rigidez de los códigos samurái, se respeta la regla y se suple una cierta inestabilidad o desequilibrio inclinando el plano. De haberse saltado la regla de los 180º el escrupuloso rigor de los códigos del mundo de los samuráis, establecido como tono a lo largo de todo el film, se hubiese visto afectado.

El mensajero del miedo

La regla de los 180º es, sobre todo, muy útil en escenas de diálogo en las que se puede cortar, sin romper la continuidad espacial, de un primer plano de un personaje que habla o escucha a otro. En esta escena extractada de El mensajero del miedo (1962) de John Frankenheimer podemos ver como esta técnica nos adentra en el mundo afectivo y en los intereses y reticencias de los dos personajes y nos revela en primeros planos las reacciones de sus caras con palpable precisión así como las ansiedades y las reacciones mientras conversan.

La cámara permanece siempre en el hemisferio más cercano a nosotros establecido con la primera toma (1) de los dos personajes y sin sobrepasar esa línea imaginaria establecida entre ambos y sin filmar desde el otro lado de la misma, desde detrás de ellos o desde el otro hemisferio, lo que causaría un salto espacial discontinuo en la pantalla y nos distraería de la conversación al ver a Marco, por ejemplo y sin razón aparente, unas veces mirando a la derecha y otras a la izquierda de la pantalla. La regla, entre otras cosas más, también rompe la monotonía que surgiría si se encuadrase constantemente a los dos personajes0, en un solo plano a lo largo de toda la conversación. Este uso del plano/contraplano no impide que, en un momento determinado, pueda volverse a tener a ambos en un plano dúo como sucede en un momento hacia la mitad de la escena (2), ahora además, uno frente al otro, como aceptándose o con menos reticencia por parte de Marco a hablar de sí mismo ante la voluntariosamente cuidada insistencia de Eugenie.

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