SONIDO

SUBJETIVO

 

Él

En la película de 1952 de Luis Buñuel,  Él,  tenemos un uso subjetivo del sonido en la parte final de la secuencia de la iglesia, media docena de minutos antes de que finalice el film con la escena del monasterio diez años más tarde.

    En ella Francisco, el protagonista, cree ver y oír como se ridiculiza su vida. A través de ello percibimos esa realidad interior suya tan distinta de la realidad cotidiana. La coexistencia visual y auditiva de ambas realidades y la prevalencia de la fantasiosa sobre la otra manifiesta ese conflicto interior del personaje que alcanza su clímax en esta secuencia de la iglesia.

    El mundo que todo ser humano, incluido Francisco, se construye, tiene que ver, por supuesto, con aquellas experiencias y creencias del ámbito familiar, social, económico, cultural y religioso que quedaron instiladas en el subconsciente al finalizar la adolescencia y que son los únicos recursos de los que dispone para desarrollar, de forma positiva o negativa, el devenir de su existencia.

    Este bagaje no sólo lleva al protagonista a transformar, moldear o, si se prefiere, distorsionar la realidad cotidiana en aras de la realidad fantasiosa sino que también lo hace en circunstancias que propician su virulencia, dado que, bien entrada la cuarentena, intenta establecer, por primera vez en su vida, a raíz de su amour fou por Gloria, una relación heterosexual.

    En escenas precedentes ya había quedado plasmado su tozudo autoritarismo, su falta de consideración de los sentimientos ajenos, su machismo celoso, su prepotencia y su recalcitrante egoísmo, todo lo cual le pone cada vez, de forma más acuciante, frente a la impotencia, la frustración, la angustia y el enloquecimiento que alcanza su clímax en esta escena de la iglesia.

    El miedo a creerse juzgado y sobre todo ridiculizado le estalla ante sus ojos y le trastorna. Las dos realidades coexisten pero la realidad fantasiosa toma preferencia sobre ambas al prevalecer el uso subjetivo del sonido.


León, el profesional

En León, el profesional (1994) de Luc Besson se omite el sonido real en la escena en que el corrupto detective interpretado por Gary Oldman asesina por la espalda al fugitivo (Jean Reno) cuando este se encuentra a unos pasos de la salida del edificio que le pondrá en libertad. Tan sólo se escucha la música de fondo y unos leves sonidos que no se sabe muy a qué pertenecen. También se omite la llamarada del disparo del arma. La ausencia de sonido quizás se deba a que el herido subjetivamente no oiga nada. En su lugar, tenemos un plano subjetivo de la salida desde el punto de vista del fugitivo, en el momento de desplomarse con una breve pero angustiante cámara lenta tras el inaudito disparo.